El bien común
This page is also available in English.
“Al leer los documentos escritos cuando se fundaron los Estados Unidos uno se queda impresionado por el concepto de libertad que capturan: una libertad diseñada para permitirle a la gente cumplir con sus obligaciones y responsabilidades para con la familia y el bien común de la comunidad. ”
- Papa Juan Pablo II
Discurso para el Embajador Claiborne Boggs
16 de diciembre de 1997
¿Qué es el bien común?
En un país donde todo parece seguro, nuestros trabajos, nuestro cuidado médico, nuestras pensiones, defensa nacional, el medio ambiente e incluso nuestros matrimonios, es fácil perder de vista el bien común y el llamado por cuidar de nuestro prójimo tan bien como a nosotros mismos. Una cultura por el bien común es donde la gente cuida de los otros y esto se refleja en nuestras corporaciones, comunidades y gobierno.
Una cultura por el bien común ve por la salud, el bienestar y la dignidad de todas las personas sin importar raza, sexo, religión o clase social. Esta meta fundamental de las Enseñanzas Sociales Católicas expresa el entendimiento de nuestra fe de que una sociedad sólo funciona mejor cuando las decisiones se toman con la mira a beneficiarnos a todos, y no solo a algunos cuantos. En las palabras de Juan Pablo II, el bien común se refiere al “bien de todos y cada uno de los individuos, porque todos somos responsables de todos.”
El interés por el bien común también se encuentra profundamente enraizado en los valores de nuestro país. Las primeras tres palabras del Preámbulo de nuestra Constitución “Nosotros, el Pueblo” nos recuerdan que los Estados Unidos es primero que nada una comunidad de relaciones humanas. A diferencia de otras naciones, ese lazo no proviene de una religión o raza en común sino de nuestra humanidad en común y nuestra creencia compartida en la libertad y la dignidad de toda la gente.
Este equilibrio entre los intereses del individuo y de la comunidad no se debe entender solamente como principio para hacer trabajos caritativos. Aunque debemos trabajar para ayudar a los que son menos afortunados, el bien común es mejor aplicado cuando todos son capaces de hacer su propia contribución a la vida económica y social. En este aspecto, nuestro entendimiento cristiano y norteamericano del bien común nos impele a crear un mundo donde todos tengamos la oportunidad de utilizar nuestro potencial al máximo, ocuparnos en trabajos productivos y experimentar unas vidas plenas.
La erosión de la vida en comunidad que acompañan a esta era de avaricia, materialismo e individualismo excesivo encabezan la lista de amenazas al bienestar de nuestra nación. De hecho, una encuesta de Zogby muestra que “avaricia y materialismo” encabeza la lista de peores urgencias morales en los Estados Unidos. Pérdidas en ahorros de fondos de retiro por motivo de los escándalos contables en corporaciones, la destrucción de la vida en familia ocasionadas por el peso de padres trabajadores exhaustos y mal remunerados, y creciente temor sobre los efectos a largo plazo del calentamiento ambiental global son recordatorios de que decisiones individuales pueden tener consecuencias vastas y muy dolorosas. Respondiendo al llamado por el bien común, nosotros expresamos nuestro entendimiento de que las mareas que suben debieran levantar todos los barcos. Todos nos beneficiamos individualmente cuando todos estamos bien como grupo.
